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Una guerra sin salida
La paz está encerrada. Afuera, Jamuraa arde. Mangara sigue prisionero en ámbar mientras la guerra de Kaervek arrastra a sus pueblos hacia la derrota. La resistencia necesita algo más que otra batalla para detenerlo. Jolrael había ayudado al conquistador creyendo que evitaba un peligro. Ahora reconoce otro: el hombre al que entregó su confianza está destruyendo el mundo que decía proteger. Su intento de liberar a Mangara tropieza con defensas mágicas. Kaervek tampoco confía en ella. La rectificación llega tarde, pero todavía puede abrir una salida. Los pueblos de Jamuraa no pueden esperar a que termine esta disputa entre magos. Mientras Mangara permanezca encerrado, Kaervek seguirá avanzando sobre sus hogares.
El mago que responde con sueños
En la isla que inició esta historia, Teferi ha regresado. Jolrael busca su ayuda y reconoce su participación en la invasión. Allí parece estar la respuesta: un planeswalker con poder suficiente para detener a Kaervek. En vez de abandonar sus experimentos, Teferi propone guiar a los líderes de Jamuraa mediante sueños y visiones. La guerra necesita acciones que otros deben llevar a cabo. Sus señales les mostrarán el camino hasta el prisionero. Jolrael tendrá otra misión: apartar la atención del enemigo. El misterio que atrajo a los tres magos se convierte en una oportunidad para reparar su desastre. La magia del tiempo ofrece una dirección; recorrerla sigue siendo responsabilidad de quienes viven bajo la guerra.
Los aliados encuentran un camino
Las visiones reúnen a Asmira, Rashida, Jabari y Hakim. Asmira comprende la misión que los ha llevado hasta allí: rescatar a Mangara. Sus advertencias sobre la guerra habían sido desoídas. Ahora su conocimiento puede cambiar el desenlace. Rashida prepara un grupo de rescate. Para abrirle paso hace falta distraer a las fuerzas de Kaervek. Jabari y Hakim se ocupan de esa parte del plan. La tarea se divide, pero todos dependen del mismo objetivo. Mientras tanto, los aliados deben conservar un lugar donde reunirse y preparar su marcha. La fuerza de Kaervek les obliga a ocultar sus intenciones hasta que cada grupo esté en posición. El rescate depende de que él mire hacia otro lugar mientras Rashida y Asmira se acercan al prisionero.
Una esperanza llega desde el cielo
La marcha hacia la prisión encuentra enemigos y retrasos. Cada desvío reduce el tiempo disponible. Entonces aparece el Weatherlight, un galeón capaz de cruzar el cielo. Sisay, su capitana, llega guiada también por una visión. La nave permite alcanzar los palacios de Jolrael antes de que el rescate pierda su oportunidad. Para quienes avanzaban a pie, su llegada cambia la distancia que todavía los separa de Mangara. Ya no tendrán que conquistar cada camino antes de alcanzar la prisión. En el mar, la confrontación junto a la isla de Teferi debilita a Kaervek. Jolrael se vuelve contra su antiguo aliado. Es una ruptura que convierte el arrepentimiento en acción. La atención de Kaervek se divide mientras los rescatadores se acercan al ámbar.
El precio de romper el ámbar
Ante la prisión, Asmira inicia el ritual. Los defensores de Kaervek impiden que el grupo lo complete sin luchar. La liberación no será un gesto limpio, aislado del peligro. Rashida debe usar una máscara de dragón para vencer. Precisamente ella, que odia a los dragones, recurre a la forma de su enemigo. El rescate le exige aceptar el poder de aquello que había jurado combatir. Asmira termina su parte de la misión a costa de su vida. Mangara queda libre. La victoria adquiere así un peso que no se mide sólo por quién conserva el poder. Una promesa se cumple y alguien falta al amanecer. Asmira no estará entre quienes regresen. Los otros deberán continuar con la pérdida de la mujer que había comprendido la misión y decidió llevarla hasta el final.
La prisión cambia de dueño
Mangara se enfrenta a Kaervek y acaba encerrándolo en el mismo ámbar que había sido su cautiverio. La guerra termina con la inversión de su imagen central: el instrumento del conquistador se vuelve contra él. Jamuraa sigue viva. Reconstruir exige algo más que retirar al enemigo; necesita recuperar vínculos entre pueblos que han sufrido juntos. Los bosques, las ciudades y sus habitantes deberán encontrar otra forma de vivir después de la guerra. La paz no devuelve a los muertos, pero permite a quienes quedan trabajar por un futuro que Kaervek les había negado. Mangara está libre. Kaervek ha quedado encerrado. La prisión conserva el recuerdo del daño que causó su nuevo cautivo. Mientras Jamuraa comienza a reconstruirse, Sisay y el Weatherlight siguen su camino. La nave que abrió una salida a estos rescatadores todavía tendrá otros compañeros a quienes llevar a casa.



















